Creado por Patricia Pradolin, docente de Práctica de la Interpretación, Introducción a la Traducción y Orientación Profesional

lunes, 24 de octubre de 2016



SI NO LEEMOS, NO SABEMOS ESCRIBIR, Y SI NO SABEMOS ESCRIBIR, NO SABEMOS PENSAR


Es así de contundente. Si no leemos, es difícil que podamos pensar bien
Por Alejandro Mar G
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Hotel Lobby, 1943 por Edward Hopper. Detalle



Hoy todos escriben, todos quieren expresar sus sentimientos y opiniones, pero, ¿quién lee? En cierta forma la lectura es una actividad superior a la escritura;
sólo podemos escribir con el lenguaje que hemos adquirido leyendo. La lectura
es la materia prima de la escritura y la posibilidad de crear una obra que tenga belleza y profundidad o simplemente claridad, se basa en las lecturas que
hemos hecho y lo que hemos aprendido de otros autores (sus palabras se
vuelven las nuestras, se mezclan con nuestros pensamientos y experiencias).
Así se destila la escritura, como una refinación del pensamiento no sólo
personal, sino del tiempo mismo.

Para muchas personas es más atractivo escribir, tiene más glamour
 –algo que quizás se deba a la inmadurez y al egoísmo–, pero grandes
escritores nos dicen que la felicidad en realidad está en la lectura. Borges es especial- mente fértil en este sentido: "la felicidad, cuando eres lector,
es frecuente". Y la célebre: "Que otros se jacten de las páginas que han
 escrito; a mí me enorgullecen las que he leído".
Hay una frase contundente, que si no mal recuerdo es de Juan José Arreola,
"Si no lees, no sabes escribir. Si no sabes escribir no sabes pensar". Una
sencillez aforística que debe ser el fruto de la labor intelectual de un buen
lector.

Edmund Husserl escribe en su Lógica formal y Lógica trascendental: "El
pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la
palabra. Pensar, de forma distinta a otras modalidades de la conciencia,
es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje". Así que si no tenemos
palabras, si no tenemos lecturas en nuestra memoria que enriquezcan nuestro lenguaje, nuestro pensamiento será muy pobre. Las personas toleran no
ser buenos lectores, pero si se les dice que no saben pensar, esto lastima
su orgullo y, sin embargo, una condiciona a la otra. Así, la lectura es una
herramienta de desarrollo fundamental. Y donde mejor se desenvuelve esta herramienta es en los libros, no en los pequeños artículos que dominan la
circulación de la Web; el encuentro con el lenguaje merece un espacio de concentración –el medio es también el mensaje–, un encuentro a fondo
con la mente de un autor que puede haber muerto hace cientos de años
pero que vive, al menos meméticamente, en el texto que se trasvasa a
nuestra mente.

Reading and Art Marc Chalme
Reading and Art, por Marc Chalmé

Podemos también preguntarnos si es que existe o no la conciencia sin el
lenguaje. Aunque una primera lectura de las filosofías de la India parecería
indicar que para los pensadores que nos dieron el yoga y la meditación, la
conciencia existe más allá del pensamiento lingüístico (que es, de hecho,
todo lo que existe), como ocurre en los estados de absorción meditativa
(jñanas), también se debe notar que en el hinduismo el universo es generado
 a partir de la letra A del sánscrito, de la cual también se deriva la sílaba
creadora OM. Posteriormente, en el budismo tibetano la letra A del alfabeto
tibetano (parecida  a la A del sánscrito) es también considerada una especie de fuente cósmica creativa, y se representa como emanando los cinco elementos
en un thigle  (bindu en sánscrito). Tenemos por supuesto la cábala, donde el
universo entero es lo que se produce cuando se pronuncian los nombres divinos;
la letra Aleph, tiene suprema importancia (como exploró Borges en su cuento,
donde el Aleph es justamente como una especie de thigle o punto donde se encuentra la totalidad del universo). Sin embargo, el mundo es creado con la
letra Bet, con la palabra Bereshit, que David Chaim Smith traduce no como
inicio, sino algo así como "inicialidad" (beginingness), para denotar la constancia
de la creación, un acto perenne que no ocurre en el pasado, sino en el presente.
En suma, el mundo se crea con la palabra y esto es así no sólo en una visión esotérica o religiosa de la realidad, lo es en nuestra vida cotidiana: sólo
alcanzamos a distinguir las formas una vez que tenemos los nombres.
De cualquier manera queda claro que la lectura como surtidor de las palabras
que animan nuestra conciencia es un aspecto esencial de lo que es un ser
humano que piensa el mundo. Podemos existir sin pensar, y a veces el
pensamiento se convierte en un ruido que enferma la mente, pero en el
pensamiento, con el poder de la palabra, tenemos una potencia divina.
Como escribió Hölderlin:
Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,
Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,
Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,
Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

Por Alejandro Mar G via pijamasurf
Twitter del autor: @alepholo

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escribir-y-si-no-sabemos-escribir-no-sabemos-pensar.html