Creado por Patricia Pradolin, docente de Práctica de la Interpretación, Introducción a la Traducción y Orientación Profesional

miércoles, 10 de junio de 2015

Excelente nota de la intérprete de AIIC Verónica Pérez Guarnieri


El oficio de ser intérprete

Por   | Para LA NACION
La interpretación -el oficio de traducir oralmente de un idioma a otro- ha existido desde Babel. Pero es de la mano de la tecnología que llega la interpretación simultánea, gracias al uso durante los juicios de Nuremberg, a partir de 1945, de un prototipo basado en un invento de la IBM, similar a una red telefónica portátil, que les valió a los intérpretes el mote despectivo de "los telefonistas".
Con la creación de los múltiples organismos internacionales, encabezados por las Naciones Unidas y los bloques regionales, la interpretación de conferencias alcanzó su plenitud y, en 1953, nació la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC), con el propósito de ordenar y proteger esta profesión cada vez más difundida.
En la década de 1980, Daniel Gile, doctorado en matemática y lingüística, identifica las complejas operaciones cognitivas que tienen lugar durante la interpretación simultánea, caracterizándolas como escucha y análisis, producción, memoria, y coordinación. Aunque las máquinas tienen una capacidad de procesamiento mucho mayor que los seres humanos, en el momento en que se produce la comunicación, la sumatoria de los esfuerzos descriptos por Gile, los factores contextuales, la experiencia y los conocimientos generales del intérprete permiten resolver situaciones complejas que una computadora no podría.
¿Cuánto de lo que se está procurando enunciar se detecta inconscientemente? El 50% de la comunicación situacional sería no verbal; por ende, se deben observar señales que trascienden lo que pueden captar los cinco sentidos: gestos, expresiones, reacciones del oyente y metalenguaje. Con frecuencia, el intérprete atenúa un término que, de ser traducido literalmente, resultaría agresivo en la lengua de llegada.
La comunicación es mucho más que palabras y éstas no son entidades vacías, sino vehículos que transportan emociones, creencias y hasta ambigüedad. Recuerdo una ocasión en la que un mandatario extranjero -en una gira diplomática de itinerario agotador- dijo: "¡Señor presidente de Brasil, lo felicito por su gran país! El detalle es que en realidad estaba en la Argentina y, en esa época, las relaciones entre la Argentina y Brasil no eran tan fluidas como ahora. Confundirnos con Brasil era casi un insulto. Si el intérprete no hubiera cambiado Brasil por la Argentina, el diálogo se habría tornado ríspido y la situación, difícil de remontar.
Ya en nuestros días, la tecnología ha permeado nuestra labor: contamos con Internet, software para compilación de glosarios, memorias de traducción, bases terminológicas y tesauros. La UE -empleador masivo de servicios de interpretación- financió un proyecto (Avidicus) que explora el uso de la interpretación por videoconferencia porque esta facilidad agiliza la cooperación transnacional, reduce costos y aumenta la seguridad durante la comparecencia de testigos y peritos en los procesos penales. Con este mismo espíritu, en junio de este año se celebró en Estados Unidos la Tercera Cumbre Norteamericana sobre la Interpretación Interpret America 2012, donde uno de los ejes temáticos fue el impacto de la tecnología en la profesión del intérprete de conferencias.
Creo que las máquinas no podrán remplazar a los profesionales que logran crear un vínculo entre el emisor y el receptor de un mensaje; un metalenguaje que sólo el mediador lingüístico logra decodificar. Este proceso requiere empatía, discernimiento, transmisión de información gestual, inteligencia emocional, todas destrezas innatamente humanas.
Adhiero plenamente a la conclusión de Interpret America 2012: "Los intérpretes no serán remplazados por la tecnología, sino por intérpretes que usan tecnología". Lejos de traducir en forma lineal, continuaremos siendo "pontoneros culturales y lingüísticos", como nos definió el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia.
La tecnología nos asiste para que construyamos nuestros puentes sobre plataformas más eficientes y veloces.