Creado por Patricia Pradolin, docente de Práctica de la Interpretación, Introducción a la Traducción y Orientación Profesional

martes, 27 de diciembre de 2011

El efecto cabina

¡Gracias al blog bootheando!
El pasado 26 de noviembre la AIIC organizó un seminario en Frankfurt (Nied) de intérpretes para intérpretes cuyo contenido pude seguir en twitter a través de la etiqueta #aiicnied. Una de las cosas que más me llamó la atención al leer los comentarios de los asistentes al seminario fueron las pautas nutricionales que dieron no sólo para cuidar la voz sino para contrarrestar el efecto que tiene la falta de luz sobre nuestro organismo. Todos sabemos que hay que llevar una dieta sana y equilibrada (aliñada con 15 ó 20 minutos diarios de ejercicio) para regular los distintos mecanismos de nuestro organismo, pero nunca había reparado en el efecto que tiene la falta de luz sobre los intérpretes.
Como intérpretes de conferencias pasamos muchas horas a oscuras encerrados en la cabina –ese pequeño habitáculo compartido, oscuro y a veces mal ventilado. Como consecuencia de esa disminución de la luz, se produce un aumento de melatonina que conlleva una disminución de los niveles de serotonina. El incremento de melatonina y la disminución de serotonina parecen ser responsables de un mayor cansancio, menor resistencia, ansiedad, estrés o de la necesidad imperiosa de comer a todas horas.
La serotonina es un neurotransmisor, es decir, una sustancia encargada de transmitir las señales nerviosas a través de las neuronas, y la melatonina es una hormona que se sintetiza a partir de la serotonina y que se produce, principalmente, en la glándula pineal, y participa en una gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos. Para compensar esos «desajustes» derivados de nuestro entorno laboral podemos incrementar los niveles de serotonina a través de la dieta, comiendo alimentos ricos en triptófano (la serotonina se forma a partir de este aminoácido) como la pasta, el arroz, los cereales, frutos secos (nueces), leche, chocolate, queso, plátano y legumbres, carnes, huevos o pescado. También he leído que los ácidos grasos esenciales, aunque no producen directamente serotonina, ayudan a mantener el equilibrio mental (aceite de onagra y de semillas de girasol). Además de la dieta, se recomienda practicar determinadas técnicas de relajación, yoga o meditación para aumentar los niveles de serotonina, así como hacer ejercicio con regularidad, la vida al aire libre, pasear y bailar, y cambiar de actividad, hacer cosas nuevas o emprender nuevos proyectos. Ahora ya tenemos la excusa perfecta para comer chocolate sin remordimiento